Arthur Costa y BenaKallick han dedicado gran parte de su vida a la investigación, primero, y difusión después de lo que han denominado hábitos mentales; en inglés, Habits of Mind. Los definen como las disposiciones que debe tener un individuo si pretende realizar exitosamente sus tareas, sean cuales sean éstas. Su inclusión en este listado proviene de la investigación que revelaba, en cualquier ámbito de la vida, qué tipo de hábitos poseían aquellas personas que acometían con éxito sus diferentes empresas.

MentalesComo la propia palabra indica, hablamos de hábitos; es decir, habilidades sin las cuales nacemos y que necesitan de un proceso de aprendizaje, con su correspondiente sistematización y desarrollo gradual. Además de gradual, debemos ser conscientes de que será proporcional al tiempo dedicado, e igualmente influirán los modelos que ofrezcamos en el entorno y la metodología que utilicemos para su desarrollo.

La lista completa de A. Costa consta de dieciséis hábitos mentales. Algunos de los más reclamados para el proceso de Enseñanza-Aprendizaje pueden ser la persistencia en las tareas que se comienzan, el control de la impulsividad, saber captar información con todos los sentidos, el uso de los conocimientos previos al afrontar nuevos aprendizajes, la búsqueda de la precisión o el ser capaz de aprender junto a otros, por citar algunos de ellos.

Quizás lo más esclarecedor sea la necesidad manifiesta de afrontar estas adquisiciones a partir de una planificación de las mismas desde edades tempranas. Recordemos, una vez más, que las estructuras neurológicas de nuestro cerebro se van desarrollando en la medida que le pedimos, precisamente al cerebro, que cumpla esas funciones. Así pues, si no practicamos la persistencia en nuestras acciones cotidianas, no favoreceremos la creación de las estructuras mentales encargadas de tal función.

Siguiendo con este ejemplo de la persistencia, la metodología que nos puede ayudar a desarrollarla comenzará por la identificación de las cualidades atribuibles. Esto es más fácil de observar en personajes que resulten cercanos a los niños, bien de cuentos conocidos, películas, series, dibujos animados, etc. A las personas de edad más avanzada nos serviría de modelo perfecto el Coyote de Correcaminos o el gato Silvestre, siempre “persistiendo” en su empresa de cazar a Piolín.

Posteriormente, pueden identificarse de nuevo estas cualidades en personajes reales. Es, a modo de ejemplo, bien conocida la persistencia de Edison hasta dar con el descubrimiento que buscaba. Este análisis de conductas persistentes debe llevar a los alumnos a establecer sus propias metas de persistencia para practicar. Dependiendo de su edad podremos marcar como objetivos de persistencia, correr veinte metros más, buscar en una fuente de información nueva, dejar la mesa un poco mejor recogida, tener algo más de paciencia, leer una vez más un párrafo, etc.

Como en todo aprendizaje, un momento realmente didáctico será el de la metacognición sobre el proceso, por ejemplo, a través de reflexiones como ¿me ha ayudado a entregar un mejor trabajo el haberme propuesto ser más persistente?, ¿Puedo utilizar la persistencia para mejorar en algo de lo que no estoy suficientemente satisfecho?

Escucha a Arthur Costa en https://www.youtube.com/watch?v=wTaFHmULgLM