Fue gracioso; ayer en un gran centro comercial la megafonía repetía una y otra vez, “¡verás cómo haciendo nuestros cuadernos de verano te divertirás y aprenderás muchas cosas nuevas!”.

No pude evitar una sonrisa escéptica, pero ciertamente yo voy a seguir ese ejemplo para escribir unas líneas sobre cómo poder aprovechar el verano acompañado de algunos libros que nos ayuden a los profesionales a imaginar nuevas formas de educar y transformar la educación en una actividad que conjugue el disfrute con el aprendizaje. Así que, ya lo sabes, ¡verás cómo leyendo alguno de estos libros te divertirás y aprenderás muchas cosas nuevas!”.

leyendoPor ejemplo, ¿te apetece comprender cómo funciona nuestro cerebro emocional?, ¿entender por qué Roberto Aguado afirma que “La emoción decide y la razón justifica?” Pues ése es el título y él el autor. Un docente no puede obviar esta realidad científica; los seres humanos no podemos aprender cuando nuestras emociones nos secuestran. Roberto nos lo explica de forma muy precisa y, sin embargo, amena.

¿Has leído algo de Ken Robinson últimamente?, ¿quizás ya conoces su libro “Escuelas creativas” de 2015? Ahí encontrarás decenas de experiencias reales de cómo se logra que la educación dé los frutos que buscamos. Obviamente, no es aplicando las burocráticas y acartonadas leyes que, en este libro, quedan denunciadas como causantes de una mayor brecha entre los estudiantes, así como del estrés angustioso del profesorado.

Y si lo que buscas es un libro que te rompa bastantes esquemas, el tuyo es “Psicosoluciones”, un clásico de Giorgio Nardone. Terapias que rompen las prácticas habituales, sobre todo cuando se ve que aun no funcionando, seguimos intentándolas.

Pero no podría terminar esta pequeña lista de recomendaciones sin volver a citar el libro que debemos leer cada año los educadores y las educadoras. Un libro cuyo contenido cambia según cómo y cuándo lo lees. El libro que sólo se comprende en profundidad si lo miras con los ojos de niño y ojos de niña de Tonucci; si lo escuchas con la oreja verde de Rodari; si lo interpretas con los cien lenguajes de Malaguzzi y si aprecias el brillo de los ojos de su personaje, como nos enseñaba Doman. Aquel que nos dejó un gran mensaje de su amigo el zorro: “lo esencial es invisible a los ojos; lo importante sólo se ve con el corazón”.

Nunca leí y releí mejor tratado de pedagogía.