Aprender a Pensar

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El blog de José Antonio Marina

La actitud filosófica como novena competencia

La situación actual de la filosofía en la enseñanza conviene tratarla en dos dimensiones. La primera, muy urgente, es intentar luchar desde todos los ámbitos porque la creación y aplicación de las distintas leyes educativas y sus concreciones autonómicas afecten lo menos posible a la asignatura. La segunda es más ambiciosa y más definitiva. Debemos ser capaces de convencer a la sociedad de la importancia educativa y social de la filosofía.

Creo que el enfoque desde una competencia es muy útil. Como saben nuestros lectores, la Unión Europea ha seleccionado ocho competencias básicas, que deben constituir el gran objetivo educativo en todos los niveles de la enseñanza. Son las siguientes:
minerva• lingüística
• científica
• numérica
• tecnológica
• cultural
• aprender a aprender
• aprender a emprender
• habilidades sociales y ciudadanía
Este esquema ha sido recogido por la LOE. Pues bien, lo que sostengo es que falta una competencia básica, la más específicamente europea. Es fácil ver que las ocho mencionadas son necesarias para vivir en una sociedad desarrollada, pero proporcionan habilidades fragmentadas y no fomentan ninguna capacidad crítica. Podrían servir para educar a un esclavo. Pero el mundo actual es complejo y conflictivo. Nuestros alumnos van a recibir mensajes contradictorios, y necesitan tener ideas claras sobre la realidad, su inteligencia, y su situación en el mundo. Tienen que saber pensar, seleccionar la información y ejercer sobre ellas una mirada crítica, si quieren ser libres. El asunto es serio, porque nuestros adolescentes necesitan estructuras mentales, afectivas y éticas que les permitan orientarse en el pensamiento y en la realidad. No se trata de que nuestros alumnos estudien filosofía como estudian historia del arte, o geología, para tener una especie de cultura general. Se trata de convertir la filosofía en un adverbio, y enseñar a tomar decisiones personales o políticas, a leer la prensa o ver la televisión, a ser ingeniero, arquitecto o empleado de banco “filosóficamente”. Es decir, aplicando a la vida diaria conocimientos, hábitos, valores que tradicionalmente están relacionados con la filosofía, y que van desde hábitos intelectuales hasta hábitos éticos.
Este sitio, APRENDER A PENSAR, nace con la idea de reivindicar una “novena competencia”, la competencia de “saber pensar”, en cualesquiera situaciones y sobre cualesquiera contenidos. Esta novena competencia, a la que también podemos llamar “competencia filosófica”, es imprescindible para un ciudadano europeo del siglo XXI.

La novena competencia: aprender a pensar

Propongo que de una manera muy sucinta, para ir desbrozando el camino, intentemos responder a esta pregunta:
¿Cuales serían los conocimientos y los hábitos indispensables para la competencia filosófica de un ciudadano que no va a estudiar más filosofía en su vida?
Aclarado este asunto podríamos atender a otros: cómo, cuándo y dónde se enseña; y cómo deben estar formados los profesores para hacerlo.
Siempre he defendido que los docentes de secundaria debíamos tener nuestros propios grupos de investigación y estudio. Somos nosotros los que estamos en condiciones de saber lo que debían estudiar nuestros alumnos. Una asignatura de filosofía para adolescentes no puede ser la misma que se estudia en la universidad, pero jibarizada. Es otra cosa, tiene otros objetivos y ha de tener otro enfoque distinto. Y eso sólo nosotros -desde las aulas- podemos saberlo.

La utilidad de la filosofía

Acabo de leer en Le Monde de l’Education un artículo sobre la decadencia de la filosofía en el bachillerato francés, donde era la prueba reina. El autor cree que se ha quedado anticuada en su concepción. No ha sabido superar la masificación. Propone como objetivo de la asignatura “la recuperación del sujeto inteligente y libre”.
Los profesores de filosofía nos quejamos con frecuencia de que nuestra asignatura no está suficientemente valorada. Estamos convencidos de que la filosofía no es un saber más, una parte importante de la formación cultural, sino que se mueve en un plano más profundo. Es la inteligencia reflexiva en acción. El sujeto inteligente hace muchas cosas: trabaja, va al supermercado, forma una familia, participa en política, se enamora, pinta, escucha música, toma decisiones. Pues bien, cuando reflexiona racionalmente sobre estas actividades, se encuentra haciendo filosofía sin saberlo.
Para que nuestras reivindicaciones lleguen a la sociedad, debemos explicar con claridad la utilidad de nuestra asignatura, cosa que no hacemos bien. Mi experiencia -tras veinte libros, decenas de conferencias y centenares de artículos sobre filosofía en revistas de gran tirada- es que a la gente le interesa la filosofía cuando se enteran de lo que es. Pues vamos a explicárselo. Una tradición anacrónica repite como un timbre de gloria que la filosofía es un saber inútil, que no sirve para nada. Entonces, no vale la pena estudiarla. Los horarios escolares son reducidos y hay que utilizarlos bien. Lo que ocurre es que esa afirmación es falsa.
Filosofar es vivir consciente, reflexiva y responsablemente. Por ello, necesitamos luchar contra la estúpida idea de que la filosofía no sirve para nada. Esa supuesta inutilidad era un elogio envenenado que pretendía enaltecer nuestra actividad poniéndola a salvo de un torpe utilitarismo. Pero, ¿para qué estudiarla, entonces? Es el gran antídoto contra el fanatismo, el dogmatismo, la credulidad, la superstición y la simpleza. Desarrolla todo tipo de anticuerpos mentales: la capacidad crítica, la independencia, la visión de conjunto, la valentía ante los problemas, la valentía ante las soluciones a esos problemas. Es la inteligencia resuelta, es decir, la que soluciona los problemas y avanza con resolución.
No deberíamos esperar a que las leyes o la sociedad nos apoyen. Primero debemos demostrar la utilidad, la brillantez, la necesidad de lo que hacemos. No es verdad que el buen paño en el arca se vende. Iniciemos una gran operación de “marketing filosófico”, expliquemos bien lo que hacemos y, por supuesto, hagámoslo bien.
Para eso necesitamos mejorar nuestros procedimientos didácticos, elaborar materiales eficaces, atractivos y rigurosos. Al fin y al cabo es nuestra peculiar manera de colaborar al adecentamiento del mundo. Para facilitar esta cooperación, podemos utilizar este lugar, que nos permite aprovechar las nuevas tecnologías en nuestro proyecto educativo, y crear una red social de profesores (no solo de filosofía, pues como bien sabemos el pensar se da, o debería darse, en todos los ámbitos del currículo) en la web, que podemos utilizar, además, como un eficaz recurso didáctico para comunicarnos con nuestros alumnos y compartir contenidos.
Les espero.

José Antonio Marina

escrito el 3 de Junio de 2009 por José Antonio Marina en José Antonio Marina

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FILOSOFIA EN LOS PERIÓDICOS

En las últimas semanas he colgado en este blog algunos de los artículos que publico en mi sección de La Vanguardia. Hoy quiero explicar por qué lo hago.

Me gusta escribir sobre filosofía en los periódicos. Ya sé que en un artículo para el gran público no podemos apelar a tecnicismos, ni apoyarnos en la venerable tradición filosófica. Pero estos recursos son con frecuencia tramposos, por su facilidad. Una de las funciones de la filosofía es enriquecer conceptualmente el mundo de la vida, lo que mi maestro Husserl llamaba el Lebenswelt. Es la mejor manera de mejorar la “inteligencia comunitaria”, la inteligencia de la sociedad. Y este asunto me parece importante porque esa inteligencia es la que marca el nivel de vida intelectual, la altura de los debates, el ennoblecimiento o el encanallamiento de la vida pública. Es sorprendente la influencia que tuvieron en Francia los artículos de un filósofo –profesor de filosofa de bachillerato- que fue el maestro de la generación de Sartre: Alain. Durante treinta años publicó diariamente un pequeño artículo de un par de páginas, bajo el título “Propos”, que os animo a leer. Os animo también a escribir filosofía para personas que creen que la filosofía no les interesa. Es fácil persuadirles de su error, si sabemos hacerlo bien. Al menos, esa es la experiencia que tengo.

escrito el 11 de Marzo de 2010 por José Antonio Marina en José Antonio Marina

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Pensar en contexto – La democracia (II)

El caso

En España, en las próximas elecciones municipales podrán votar los ciudadanos naturales de cualquier estado de la UE o Noruega, además de los naturales de Colombia, Perú, Argentina, Islandia, Trinidad y Tobago, Ecuador, Burkina Faso, Cabo Verde, Chile, Paraguay, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Uruguay, Bolivia y Venezuela. La participación de ciudadanos extranjeros responde a la firma de acuerdos de reciprocidad entre los Estados (los ciudadanos de un Estado pueden votar en el otro y viceversa), y no a los porcentajes de población residente en el país.

Son frecuentes las campañas en favor del voto inmigrante en las elecciones municipales, por considerar que las políticas locales resultantes de estos comicios afectan más directamente a todos aquellos que viven en un territorio determinado que las estatales.  Sin embargo, ciertos sectores sociales se resisten, alegando que las decisiones que afectan a un terrirtorio tienen que emanar del poder de decisión de los naturales de ese territorio.

El fondo

La democracia es el “gobierno del pueblo”. El problema es definir qué o quién es “el pueblo”.

A lo largo de la historia, algunos lo han identificado solo con los ciudadanos, excluyendo a extranjeros, mujeres y esclavos; o solo con el “pueblo llano”, eliminando a otros estamentos; otros piensan que solo los individuos con un mínimo de educación deberían elegir a los dirigentes. Por otro lado, en una asamblea donde “todos pueden hablar” puede llegar a imponerse el más fuerte (por coacción), el que sea capaz de conmover a la audiencia (mediante retórica) o el que domine los canales de comunicación (porque sea el único mensaje que se oye). Por último queda el problema de identificar la unanimidad con la verdad: ¿no puede toda una nación estar equivocada?

El debate

¿Qué o quién es el pueblo en una democracia? ¿El conjunto de las personas que viven en un territorio, los originarios del país, los ciudadanos “legales”? Por otro lado, ¿qué ocurre con las minorías en una democracia? ¿Y qué ocurre si democráticamente nos ponemos de acuerdo en abolir el sistema democrático? ¿Es necesario estar informado para elegir “libremente”?

escrito el 9 de Marzo de 2010 por Aprender a Pensar en Pensar en contexto

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EL INCONSCIENTE (2)

Viene de El inconsciente (1)

Les recuerdo que me están acompañando en una investigación sobre el inconsciente. El punto de partida es un hecho conocido por todos. Nuestro cerebro es una máquina de producir ocurrencias. Llamamos “inconsciente” a ese conjunto de actividades que desconocemos, y del que sólo percibimos los resultados que afloran a la conciencia. Esto es una cura de humildad. Si nuestros índices de serotonina –una sustancia que influye en la comunicación neuronal- se alteran, estaremos deprimidos. Los neurólogos nos dicen una cosa muy extraña. Un segundo antes de que se nos ocurra hacer un movimiento, ya se han activado las zonas premotoras del cerebro. Todo sucede realmente dentro de nosotros un poquito antes de que nos demos cuenta. ¡Que complicación! ¡Qué misterio!

Continuamente emergen en mi conciencia sentimientos, ideas, deseos, imágenes, preocupaciones que son mías, aunque no lo quiera. Consideremos el caso de una persona envidiosa, como la que retrata Unamuno en “Abel Sánchez”. El envidioso no quiere serlo, le avergüenza ese sentimiento que, en cierto sentido, demuestra una situación de inferioridad respecto de otro, pero no puede evitarlo. Siente una punzada de dolor cada vez que su oponente ha tenido algún éxito. Los expertos dicen que en nuestro inconsciente se forman “esquemas emocionales”, que interpretan de una forma u otra los sucesos. El optimista con optimismo, y el pesimista con pesimismo. El valiente ve como oportunidad lo que el miedoso ve como amenaza. Los psicólogos nos dicen que la solución para cambiar esos estilos afectivos es cambiar el “esquema emocional” que los genera. Estamos, pues, en los dominios de la educación. Una de las funciones de la educación es ayudar a un niño para que construya bien su cerebro, es decir, para que establezca estupendos sistemas de producción de buenas ideas, buenos sentimientos, buenas decisiones.

¿Sabemos hacerlo? Estamos aprendiendo. Los “esquemas emocionales” tienen tres ingredientes: Uno, biológico. Nacemos con ciertas propensiones afectivas, genéticamente condicionadas. Dos, las creencias que tenemos acerca de nosotros mismos, de los demás, de nuestra capacidad para enfrentarnos con los problemas. Tres, nuestro sistema de deseos y preferencias. Ni todos deseamos lo mismo, ni lo deseamos con la misma intensidad. Los tres ingredientes pueden modificarse mediante la educación.

Hay un segundo objetivo educativo. Tras haber construido ese cerebro eficaz y fértil, hay que aprender a manejarlo. Conducir nuestro cerebro es más difícil que conducir un Ferrari. Hay que desarrollar lo que se llama el “cerebro ejecutivo”, del que depende la atención, la selección de proyectos, el paso a la acción, la orden de parada. La aparición de esta capacidad de autodirección ha sido un paso decisivo en la evolución humana. Para los interesados, diré que coincide con el gran desarrollo de los lóbulos frontales, el director de orquesta cerebral. Todos los animales aprenden, pero el hombre puede decidir lo que quiere aprender. Toda la sabiduría humana ha intentado cumplir estos dos objetivos: Educar el inconsciente, para tener buenas ocurrencias, y aprender a dirigirlo. La primera tarea va desde el cerebro a la conciencia. La segunda, marcha desde la conciencia hasta el cerebro. En ese misterioso vaivén se mueve nuestra vida.

escrito el 3 de Marzo de 2010 por José Antonio Marina en José Antonio Marina

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Amnistía busca bloggers

La ONG Amnistía Internacional busca bloggers para difundir causas y campañas pro derechos humanos. La intención de la organización es que una serie de blogs escogidos den cabida, una vez al mes, a temas relacionados con la lucha por los derechos humanos. A cambio, ellos se comprometen a enviar información y material acerca de las cuestiones a tratar, reservar un espacio para las entradas de la iniciativa en la página de la campaña Exige Dignidad y crear y mantener una lista de correo cerrada con los blogueros y blogueras participantes.
Si quieres solicitar formar parte de esta iniciativa, envía la URL de tu blog a: jbloom[arroba]amnesty.org

escrito el 2 de Marzo de 2010 por Aprender a Pensar en Noticias

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EL INCONSCIENTE I

La filosofía es un saber con plena vigencia, al abordar cuestiones de máxima actualidad cuyo análisis resulta imprescindible para la vida en democracia. Los artículos de J. A. Marina que ofrecemos a partir de hoy fueron originalmente escritos y publicados en La Vanguardia, periódico de tirada nacional, lo que puede servir de prueba del interés y relevancia que los asuntos filosóficos poseen para el gran público.

Hoy he tomado una decisión. He decidido coger por los cuernos a un toro que desde hace muchos años corretea por el campo de mis preocupaciones. Me refiero al papel que el inconsciente tiene en nuestra vida. No se trata de un tema freudiano, sino de algo mucho más antiguo y más amplio. Lo que sentimos y pensamos procede de una miseriosa maquinaria –nuestro cerebro- que no sabemos cómo funciona. ¿Por qué se me ocurren unas cosas y no otras? ¿Por qué tengo deseos que no quiero tener, sentimientos que me inquietan, pensamientos que me torturan? ¿Por qué quiero ser elocuente, pero no se me ocurre nada?

Rimbaud escribió un verso misterioso: Je est un autre. “Yo es otro”. La incoherencia sintáctica revela una incoherencia íntima. Yo soy alguien que está dentro de mí, que es fuente de ocurrencias que son mías, sin duda, pero de las que no soy responsable. San Bernardo, el último Padre de la Iglesia, un formidable escritor, criticable filósofo, y feroz hombre de iglesia, escribió en el siglo XII: “Cada día y cada noche leemos y cantamos las palabras de los profetas y de los evangelios. ¿De dónde saltan tantos pensamientos vanos, nocivos, obscenos, que nos torturan por la impureza, el orgullo, la ambición y cualesquiera otras pasiones, hasta el punto de que apenas podemos respirar en la serenidad de sublimes consideraciones?” Al buen abad le preocupaba no saber qué hacer con esas imágenes que invadían su conciencia mientras rezaba.

Les propongo dos experimentos elementales.
Experimento 1.- Cierren los ojos e intenten no pensar en nada. Comprobarán que a los pocos segundos, algún pensamiento, recuerdo, palabra, habrá saltado a su conciencia. ¿De dónde vienen? ¿Quién las ha producido?
Experimento 2.- Respondan rápidamente a esta pregunta: ¿Han estado en Australia? Con toda seguridad la habrán contestado sin ningún problema. Y habrán tardado en hacerlo unos 200 milisegundos. ¿Pueden decirme qué han hecho? Su cerebro lo ha hecho, sin que los psicólogos o los neurólogos o usted mismo conozcan su modo de proceder. Para que un ordenador hiciera algo parecido, tendríamos que darle una relación de todos los lugares donde usted ha estado, le introduciríamos después la palabra Australia, una orden de comparación, y al final el ordenador nos diría si usted ha estado o no en Australia. ¿Hacemos nosotros algo parecido en esos 200 milisegundos? No lo sabemos.

Platón decía que el fin de la educación es hacer que deseemos lo deseable, es decir, lo bueno. Pero mis deseos vienen de esa zona desconocida de mí mismo. La conclusión es inevitable: educar es, ante todo, construir el inconsciente. Dicho en términos fisiológicos: ayudar a que una persona construya su cerebro para que tenga ocurrencias óptimas.

¿Sienten ustedes el mismo desasosiego que yo? Les dije al principio que he decidido no postergar el enfrentamiento con este problema. Me propongo que sean ustedes testigos de cómo lo hago, a sabiendas de que no sé si triunfaré o si haré el más espantoso de los ridículos. Como lector, me hubiera gustado asistir “en directo” a una investigación científica. Me anima la esperanza de que les suceda lo mismo. Así pues, continuará…

escrito el 22 de Febrero de 2010 por José Antonio Marina en José Antonio Marina

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