En algunas aulas se castiga a los niños a sentarse en la silla de pensar para que  reflexionen acerca de algún comportamiento que ha tenido consecuencias negativas para otros alumnos o para sí mismos.

De alguna forma, Entreculturas utiliza ese mismo recurso a través de su campaña La silla roja. Una silla para 61 millones de niños y niñas que no pueden ir al colegio.

Entreculturas propone dar visibilidad a los 61 millones de niños y niñas del mundo que están sin escolarizar colocando en el aula una silla roja que simbolice a todos los niños que no pueden ir al colegio y que ven vulnerado su derecho a la educación.

Los beneficios de la educación están ampliamente reconocidos: la educación amplía el acceso a otros derechos y favorece el progreso conjunto de la sociedad, promueve la libertad y la autonomía personal y genera importantes beneficios para el desarrollo personal.

Asimismo, la educación es un instrumento poderoso para reducir la pobreza y la desigualdad. Pero, mientras muchas familias acuden con sus hijos e hijas al primer día de colegio, todavía hoy hay niños y niñas privados de oportunidades educativas.

Según la UNESCO, todavía hoy en día hay 61 millones de niños y niñas en el mundo sin escolarizar, de los cuales 31 millones se encuentran en África Subsahariana. Estos niños y niñas ven vulnerado su derecho a la educación, recogido en numerosos tratados internacionales.

La UNESCO estima en 16.000 millones de dólares anuales, de aquí a 2015, las necesidades de financiación externa para alcanzar los principales objetivos de la Iniciativa de Educación Para Todos (EPT, Dakar 2000). Dado que, actualmente, los países donantes aportan 5.600 millones de dólares anuales, sería necesario triplicar esta cantidad.

Desde Entreculturas,  trabajan para que cada día más niños y niñas puedan ir al colegio. ¿Quieres unirte a ellos?

Cada nueva silla cuenta.

One Comment

Carme

Me parece estupenda la idea de poder hacer visible en las aulas la preocupació por la gran cantidad de niños y niñas que no pueden ir a la escuela, relegandolos a la incultura y a la pobreza.
Lo que no me gusta és el símbolo de la silla de pensar, sobre todo si se asocia al castigo. Los niños pueden interpretar que pensar és malo porque es un castigo y además creo que tampoco piensan cuando estan el esta silla, porquè no se les da pistas sobre que pensar ni tampoco se les pide mas explicaciones que decir lo que ha hecho mal y prometer que no lo va hacer nunca más. Ellos y nosotros sabemos que nunca mas es demasiado dificil de cumplir y se convierte en un ritual que aporta poco al control de las emociones.

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