Por Rafael Bisquerra

En anteriores entradas, vimos cómo la falta de acción en educación emocional, o su rechazo, equivale a privar a la sociedad de oportunidades cruciales, científicamente contrastadas, para su desarrollo personal, social, emocional y académico. La educación para la ciudadanía es un buen marco donde incluir competencias emocionales que contribuyan de forma significativa al bienestar social.

La Educación para la Ciudadanía (EpC) tiene como objetivo potenciar la convivencia y el bienestar. Se sabe que uno de los mayores obstáculos para la convivencia es la violencia. La violencia muchas veces se activa a partir de la ira mal regulada. La ira es una emoción básica que incluye una serie de “familiares”, como la rabia, el enfado, la indignación, la cólera, el odio, etc. Dicho de otra forma, la violencia es una manifestación del analfabetismo emocional.

Es curioso observar cómo una sociedad altamente tecnificada, con acceso a unos recursos tecnológicos inimaginables hace pocos años (móvil, informática, internet, mass media, etc.), parece haber olvidado una de las necesidades básicas del ser humano: su dimensión emocional. Esta necesidad, insuficientemente atendida en la educación formal, es una de las causas de muchos problemas de la sociedad actual. Para preparar para una ciudadanía activa y responsable se hace necesario el desarrollo de competencias emocionales.

La educación emocional no tiene un espacio propio en la educación formal. Tiene que abrirse paso a partir del voluntarismo del profesorado que a partir de una convicción sobre su importancia va integrando en la dinámica de clase aspectos de la educación emocional. Uno de los espacios más apropiados es la tutoría. Otra es la educación para la ciudadanía.


La prevención de la violencia

La educación emocional incluye la prevención de los efectos nocivos de las emociones negativas (ira, violencia, miedo, ansiedad, estrés, tristeza, depresión) y el desarrollo de las emociones positivas (bienestar, alegría, humor, amor, felicidad), entre otros aspectos (conciencia emocional, regulación de las emociones, autoestima, autonomía emocional, empatía, fluir, etc.).

La educación para la ciudadanía, además de conocimientos, debe ocuparse del desarrollo de competencias para el ejercicio de una ciudadanía activa y responsable que prepare para vivir en paz y en democracia.

Uno de los aspectos clave es el desarrollo de la competencia emocional que hace posible la regulación de la ira para la prevención de la violencia. Hay muchos tipos de violencia: violencia de género, violencia escolar, inseguridad ciudadana, etc. Atender a la prevención de la violencia debe ser uno de los objetivos importantes de la educación para la ciudadanía.

Solamente sobre este aspecto se debería dedicar mucho más tiempo, esfuerzos, recursos económicos y formación del profesorado, en el bien entendido que se trata de atender a una de las problemáticas que caracterizan a la sociedad actual.

Más información:

Educación emocional y convivencia. El enfoque de la educación emocional, Rafael Bisquerra, ed. Wolters Kluwer.