En los constantes encuentros con profesores se ve, cada vez más patente, el indudable deseo de cambio en educación. Los análisis de los expertos, junto a la experiencia del día a día en las aulas, no deja duda a quien quiere ver la realidad educativa con ojos sinceros.

Unido a esto, la realidad de otros continentes y países, que durante décadas han hecho el mismo análisis, nos muestra caminos que ya están recorridos con éxito. Toca buscar, analizar, evaluar y transferir aquello que nos parezca útil para nuestro entorno; Benchmarking.

En ello está todo el país. Hay que mirar con optimismo esta marea de profesionales convencidos. A su vez, hay que estar cerca para ayudar. Dicen, que algunos se empeñan en ponerles palos en las ruedas de la mejora educativa; aluden, sobre todo, a quien se empeña en identificar ésta con alumnos y alumnas que reciban muchos más contenidos por curso, como si eso garantizara un aumento de calidad.

Es cierto. La memorización supone el nivel cognitivo más bajo de todos cuantos desarrolla nuestro cerebro. Es, por lo tanto, el menor aporte que podemos hacer a nuestros futuros ciudadanos. Una generación con muchos conceptos, en el siglo XX podía ser útil porque el desarrollo se centraba en producir muchas unidades iguales de los productos o servicios que fuera.

PensarEn el siglo XXI, la globalización, la crisis y el propio desarrollo imparable, obliga a preparar jóvenes que sean capaces de detectar y dar respuesta a nuevas necesidades. Dejamos de hablar de “problemsolvers” (solucionadores de problemas) para hablar de “problemfinders” (descubridores de problemas). Es un mundo nuevo, al que los viejos paradigmas, tanto educativos como socio-económicos, debe adaptarse; Ya se sabe, la otra opción es morir.

Las competencias son, debido a este cambio absoluto, de necesario desarrollo durante toda la vida. Saber contenidos se transforma ahora en una necesidad, pero insuficiente a todas luces. La capacidad de gestionarlos, saber utilizarlos de formas diferentes a las habituales y crear nuevos productos y servicios con ellos es ahora un seguro de vida; no una opción.

Por ello el trabajo sobre el pensamiento creativo, crítico y analítico se vuelven absolutamente necesarios.

En ello estamos.   

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