Por Ana López-Navajas

¿Qué pasa con las niñas y las tecnologías, la ingeniería o las ciencias mismas? Parece que no sienten atractivo por ellas. Parece que no las escogen.

Esta es, por ejemplo, una de las cuestiones que el día de las niñas, las mujeres y la ciencia nos lleva a plantearnos. Hay más cuestiones, como el todavía difícil recorrido de las carreras académicas de las científicas, por ejemplo. Pero interesa especialmente ir al origen del problema, las razones de que las niñas no se sientan atraídas por ese ámbito y qué hacer con ello. Por eso, del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia resulta positivo para observar y recordar la situación específica de mujeres y, sobre todo, niñas, en la ciencia. Una situación que nos sigue mostrando dificultades.

Dificultades que todavía persisten en la ciencia y que impiden, entre otras cosas, el normal desarrollo de las carreras de las científicas. Algo que no es solo un problema para ellas, que ven mermadas sus posibilidades profesionales y personales, sino que representa un problema de amplio alcance social, por lo que significa de pérdida de talento para las tecnologías y el desarrollo científico. Las numerosas trabas que todavía persisten hacen más dificultoso el trabajo y reconocimiento de las científicas y estas dificultades nos hurtan el aprovechamiento de ese talento para beneficio de todos. Además, estas trabas comienzan muy pronto, cuando las niñas comienzan a sentirse ajenas a esos mundos, más brillantes y reconocidos socialmente, lo que las lleva, más adelante, a no elegir las tecnologías. Y eso pasa ya sobre los 6 años.

Un estudio de enero de 2017 de la revista Science (1) demuestra cómo los estereotipos culturales de género comienzan a hacer mella en las niñas a partir de los 6 años, edad en la que empiezan a sentirse fuera de esos ámbitos. Esta distancia de las tecnologías tan temprana, de origen cultural y debida a una educación cuyas expectativas son distintas para los chicos y las chicas -la llamada socialización diferencial- hace que su elección de materias relacionadas con STEM (2), a lo largo de su etapa educativa, quede mediatizada por esto y se produzca de forma muy escasa. El componente cultural y de género es el causante de estas primeras trabas que se ponen a las niñas, a las que se conduce hacia otras preferencias que se piensan más acordes con ellas. Todo aparece como “natural”. Y, por descontado, sucede sin darnos apenas cuenta.
Este debería ser uno de los ámbitos por dónde deberíamos empezar a trabajar: en el acercamiento de las niñas a la práctica tecnológica desde la primera infancia. ¿Cómo hacemos esto? Después hablaremos de ello.
Pero hay más aspectos que cuentan en esta distancia entre niñas y tecnología y ciencia. Uno muy importante es la ausencia de referentes femeninos que se impone, a medida que va aumentando el nivel de los cursos. Esta sistemática ausencia no solo les hurta a chicas y chicos modelos de mujeres científicas, sino que afianza la impresión que ya tienen de que esos mundos no son cosa de mujeres. Eso hace que ellas no se vean concernidas en este terreno. Así, por ejemplo, llegan menos mujeres a Física, pero sobre todo a las ingenierías y la informática. Se habla de que la brecha de género en tecnologías, de seguir así, puede aumentar.

Por último, hay que destacar que aquellas mujeres que, por fin, llegan al mundo laboral o académico se encuentran con dificultades que van desde la conciliación hasta las dificultades de desarrollo y reconocimiento profesional. Unas lo sortean con más suerte que otras, pero todas tienen algo que contar sobre trabas añadidas, a veces, incluso, por la propia educación recibida.

¿Qué podemos hacer, pues? hay algunas cosas que están funcionando muy bien. Y, por supuesto, deberíamos empezar desde el principio. Los estudios señalan que la edad de intervención debe ser temprana, no como se hace ahora, donde en los últimos curso de Secundaria se intenta orientar a las alumnas hacia carreras STEM. Todo indica que es al final de Infantil o en los primeros cursos de Primaria donde hay que facilitar el contacto de las niñas con la tecnología. En esos casos, se está revelando como un buen instrumento trabajar en los centros educativos informática o robótica recretiva en estas etapas.
Otra forma de abordarlo es a través de las actividades extraescolares, que se pueden organizar en colaboración con el AMPA, donde se ofrezca actividades de tecnología recreativa que se ofrezca a las niñas teniendo en cuenta sus intereses.
De hecho, se trata de facilitar a las niñas en edades tempranas las prácticas tecnológicas.

Un aspecto que se debe considerar en este sentido y en cursos más avanzados es el enfoque que se le proporciona a las tecnologías o a la informática. Cuando existe una finalidad social o cultural -saber para qué cosas puede servir- interesa a las niñas y las mujeres. Tener en cuenta ese enfoque cuando se plantea la materia es importante para atraer a las niñas.

Otro de los importantes aspectos que se han de plantear es la inclusión y mención de los referentes, como antes hemos comentado. Se debe tejer un discurso científico donde se vean reconocidas las aportaciones de las mujeres al ámbito STEM. La ciencia y la tecnología que ofrecemos en este momento, con unas cifras de representación femenina que no alcanzan el 5 % en la ESO (3), se muestran como un ámbito masculino, un constructo de hombres. Nada más lejos de la realidad.

Las mujeres han contribuido de formas y en aspectos distintos al desarrollo tecnológico y científico y deben estar presentes esas contribuciones. Además, se deben conocer esas formas de ser mujer en la ciencia. Sus contribuciones, en menor cantidad pero esenciales e importantes, son también la muestra de las dificultades que históricamente han tenido ellas para dar salida a sus intereses tecnológicos y científicos, por las trabas que han tenido para el acceso a la educación y, en especial, la científico tecnológica.

Pero son también la expresión de una pérdida cultural y social, de todo ese talento desaprovechado, un indicador de un orden social obsoleto que no es capaz de aprovechar el talento de las mujeres en beneficio colectivo. Resulta un claro indicador de progreso saber aprovechar el talento que ofrece el colectivo de personas, mujeres y hombres, que conviven. Su desaprovechamiento indica que es una sociedad con deficiencias estructurales relativas al género, puesto que es a las mujeres como colectivo a las que se les cercenan posibilidades y a hombres y mujeres al completo a los que se les cercenan beneficios. Son las desigualdades las responsables de esta pérdida colectiva.

Así, conocer a estas científicas, ingenieras y tecnólogas es el primer paso que nos incumbe a todos, profesorado, familias y alumnado. Nadie se salva en este empeño de un mundo más justo. Conocerlas y trenzarlas en nuestro conocimiento. Introducirlas en las aulas resulta fácil, si se encuentran insertas en las actividades en el aula o se encuentran citadas juntos a sus avances o logros, pero siempre dentro de la materia, no como un aparte.

Por último, la orientación es también una buena herramienta en Primaria. Acercarlas al mundo STEM, plantearlo. Sin embargo el primer paso puede ser actualizar nuestros conocimientos sobre ciencia e incorporar en ellos las grandes referentes femeninas. Da igual que seamos madres o padres, profesorado o ciudadanía de a pie. Lo importante es que las conozcamos (4).
Esa es una posibilidad que está en nuestras manos para evitar que las niñas con capacidades tecnológicas no se queden fuera de juego, porque eso es una pérdida de talento con repercusiones de alcance social y la viva muestra de la persistencia de las desigualdades que, al afectar a nuestras niñas, afectan a todos.

(1) Bian, Lin; Leslie, Sarah-Jane y Cimpian, Andrei: “Gender stereotypes about intellectual ability emerge early and influence children’s interest” Science. Vol. 355. Issue 6223. pp. 389-391, 2017.

(2) STEM son las siglas en inglés con las que se denomina el ámbito de las Ciencias, Tecnologías, Ingeniería y Matemáticas.

(3) Mujeres en la ESO

(4) Una web muy buena para empezar es la que dirige Marta Macho Staedler, Mujeres con Ciencia.

Ana López Navajas es profesora de Lengua y Literatura, investigadora vinculada a la Universitat de València y asesora de Coeducación e Igualdad en la Formación del Profesorado en la Conselleria.

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