Nueva entrada en el blog Aprendiendo a pensar en la escuela:
La importancia de la competencia emocional

Son muchos los sectores que han reclamado una “novena competencia”: una competencia “emocional”, por la que el alumno sea capaz de desarrollar y gestionar sus emociones, una “competencia espiritual”, que atienda al desarrollo de los anhelos más trascendentales de la persona… Desde varios lugares, José Antonio Marina ha defendido la competencia filosófica, “que ha sido una de las creaciones más importantes de la cultura humana, y que permite comprender el sentido de todas las demás”, por lo que la actitud crítica propia de la filosofía tiene de emancipadora.

Lo cierto es que todas estas propuestas tienen en común, si se quiere, la capacidad de reflexión, que, como vimos en la entrada anterior, era considerada “el corazón de las competencias clave”, y sin embargo fue olvidada a la hora de concretar las competencias básicas en el currículo establecido por la LOE.

La competencia emocional

La competencia emocional es una de las más reclamadas y reconocidas al mismo tiempo. Desde que Daniel Goleman habló de inteligencia emocional y, previamente, Howard Gardner de la inteligencia múltiple, prácticamente la totalidad de la teorías pedagógicas está de acuerdo en la importancia del desarrollo emocional para la completa formación de la persona.

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