La asertividad es una habilidad comunicativa y emocional necesaria para mantener el equilibrio entre el respeto por uno mismo y el respeto por los demás.

Las personas con una adecuada autoestima saben hacerse respetar y decir “no” cuando es necesario. Por el contrario, las personas con baja autoestima no se sienten respetadas; piensan que nadie las toma en serio y viven rechazo o exclusión.

También podemos sentir esta exclusión en el hogar. Por ejemplo, un padre que considera que no se tiene en cuenta su opinión, una madre que considera que todos “van a la suya” o un niño que piensa que sus problemas no son importantes.

La persona asertiva es capaz de mantener la distancia adecuada con los demás. Se trata de una distancia psicológica que le permite implicarse lo justo y defender la propia opinión sin ser ofensivo con los demás.

La persona agresiva busca la proximidad a través de la intimidación. Por el contrario, la persona insegura busca la distancia para estar lejos y sentirse protegida.

¿Qué hacer para ayudar a nuestros hijos a ser asertivos?

> Dejarles que se expliquen.

> Evitar el autoritarismo; de vez en cuando ellos también pueden decir que no.

> Evitar contradicciones entre lo que decimos y lo que expresamos mediante el lenguaje no verbal (gestos, tono de voz, etc.).

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