El contacto físico es una necesidad humana básica y universal imprescindible para crecer física y emocionalmente.

Desde que nacemos, necesitamos que nos toquen y nos acaricien. Está probado el beneficio que tiene para los bebés el contacto piel con piel con sus padres. Gracias a esta relación se establecen los primeros vínculos afectivos y se realizan los primeros aprendizajes.

Gracias a las caricias o los abrazos nos sentimos realmente aceptados e importantes para los demás. El contacto físico con otras personas es indispensable para un desarrollo físico y psíquico sano.

Estudios realizados por René Spitz en orfanatos y casas de acogida, concluyeron que, cuando un niño no recibe una dosis mínima de afecto, presenta una serie de retrasos psíquicos y físicos que le pueden llevar a una depresión crónica.

Recibir y dar “caricias” de todo tipo (no solo físicas, también podemos acariciar con la mirada, con gestos, con palabras amables…) es fundamental para sentirnos bien y para ser capaces de hacer sentir bien a los demás.

Si recibimos afecto, seremos capaces de mantener una relación satisfactoria con nosotros mismos y con los demás.

Según van creciendo los niños, tendemos a disminuir las demostraciones de cariño. Todos necesitamos un abrazo de vez en cuando, nuestros hijos también.

Esta noche, cuando vayáis a dormir, no olvidéis dar un beso de buenas noches a vuestros hijos… aunque seguro que muchos de vosotros ya lo hacéis.