Los niños de esta edad tienen una mayor capacidad para identificar distintos sentimientos en ellos mismos y en los demás.

Una misma situación provoca distintas emociones

A partir de los seis años, los niños entienden que una situación concreta no provoca las mismas emociones en todas las personas. Por ejemplo, en el colegio, a la hora del comedor, unos niños se ponen a llorar y están tristes porque quieren irse a su casa, mientras que otros están contentos y se lo pasan bien.

Aumenta su memoria “emocional”

La memoria del niño se amplía y es capaz de recordar experiencias pasadas y emociones vividas. En cambio, si sucede lo contrario, la desconfianza es mayor. El recuerdo es fuente de emociones; por ello, si el recuerdo suscita emociones agradables, se muestra más seguridad ante la vida.

Debemos ayudar a nuestros hijos a vencer sus miedos con una actitud positiva; por ejemplo, ante niños que sienten miedo al irse de campamento, podemos recordar las cosas divertidas que van a vivir: ver animales, hacer excursiones, jugar con los amigos, etc. Los padres tenemos que ofrecer esta actitud de superación para que los niños la imiten y forme parte de su comportamiento.

Hablar de sus sentimientos

Los padres debemos conversar con nuestros hijos sobre las emociones y las diferentes causas que las provocan. Por ejemplo, la tristeza que siente tu hijo cuando su profesor le ha reñido, el enfado por haberse peleado con un niño de su clase, etc.

Los niños de estas edades buscan a menudo el consuelo del adulto, ya que el apoyo familiar le ayuda a regular sus emociones desagradables.