El arte de pensar en el aula se está viendo acertadamente ensalzado. ¿Cómo pueden aprender los alumnos si no es pensando? Pensar garantiza unas premisas, del todo necesarias, si buscamos un aprendizaje duradero, profundo y comprendido.


Solo los alumnos que piensan sobre los objetos de estudio tienen su atención y otros recursos mentales puestos sobre los mismos. La mera escucha no garantiza demasiado. La actividad mental, o lo que se ha denominado el pensamiento visible, es la evidencia real de lo que está pasando por la cabeza de los alumnos. A partir de tener la atención captada, es igualmente necesario que la tarea sea suficientemente atractiva como para despertar la curiosidad de forma continuada.

 
FaroUn educador debe contar con múltiples estrategias para garantizar todo lo anterior. Unas las utilizará para organizar la información adecuada y claramente; otras las usará para que los alumnos tengan luz durante el proceso de gestión de la información, de cara a obtener los resultados buscados; otras, finalmente, servirán para profundizar y asegurar la consecución de los resultados.

Sirvan de ejemplo, de estas tres fases nombradas, los organizadores visuales, para clarificar la información; los faros del pensamiento, para iluminar los caminos en los que la mente se halla buscando respuestas y, por fin, las estrategias metacognitivas que guiarán al alumno por la senda de su autogestión y autorregulación.
Los nombres parecen complicados, pero como ya he señalado en otras ocasiones, el arte del educador consiste en hacer fácil lo que parece difícil. El proyecto Savia nos trae esta realidad y por eso me siento orgulloso de hacer mis aportaciones a través del mismo. Espero que las propuestas para Secundaria sean igual de bien acogidas que lo fueron las anteriores.