Por María Gaspar Alonso-Vega
Presidenta de la Comisión de la Olimpiada de Matemática Española

Se colocan 2n + 1 fichas blancas y negras en una fila (n es mayor o igual que 1). Se dice que una ficha está equilibrada si el número de fichas blancas a su izquierda, más el número de fichas negras a su derecha es n. Determina razonadamente si el número de fichas que están equilibradas es par o impar.

Ese es el enunciado de uno de los seis problemas propuestos en la 54 Olimpiada Matemática Española, la correspondiente al curso 2017-2018.

Fue en 1963 cuando la RSME, en su Junta General celebrada en Salamanca, decidió la puesta en marcha de la Olimpiada Matemática, que tuvo su primera edición en 1964. Las becas que recibían los ganadores de la Olimpíada les permitieron completar sus estudios de matemáticas fuera de sus ciudades de residencia, en una época en la que estudiar matemáticas solo era posible en cuatro universidades españolas.

La Olimpiada Matemática Española nació siguiendo el modelo de la Olimpiada Internacional y, al igual que esta, ha resultado ser, a lo largo de su más de medio siglo de existencia, una estupenda cantera de matemáticos. Como ejemplo, podemos citar a matemáticos de la talla de Terence Tao, Grigori Perelman o Cédric Villani, todos ellos galardonados con la muy prestigiosa Medalla Fields. Pero unos cuantos años antes, siendo adolescentes, habían recibido sus primeros premios en forma de Medalla de Oro en la Olimpiada Internacional de Matemáticas. Y, por supuesto, a estos nombres, que son solamente algunos entre muchos otros, podemos añadir uno más, de especial y singular significado: el de Maryam Mirzhakani, dos veces Medalla de Oro en la Internacional, y hasta la fecha la única mujer premiada con la Medalla Fields.

La Olimpiada Matemática Española se dirige principalmente a estudiantes de Bachillerato, pero ocasionalmente también participan – a veces con gran éxito – estudiantes más jóvenes. Cada año, los seis ganadores de la edición correspondiente constituyen el equipo que participa representando a España en la Olimpiada Internacional y en la Olimpiada Iberoamericana más adelante.

Los problemas propuestos en las olimpiadas tratan de ser originales, de medir intuición y creatividad más que conocimientos y técnicas adquiridas. Pero, sobre todo, deben constituir un reto para los participantes. Giran alrededor de áreas de matemática elemental como geometría, teoría elemental de números, álgebra y combinatoria, y resolverlos significa, en muchos casos, realmente hacer matemáticas.

Y sí, la Olimpíada es, desde luego, una competición, como lo son, por otra parte, las competiciones deportivas. En ellas hay problemas, premios y medallas. Pero no se trata solamente de eso. Lo que recuerdan con el paso del tiempo quienes en ellas participan no es su aspecto competitivo, sino la experiencia vivida y el extraordinario ambiente de camaradería y colaboración que surge entre todos los concursantes.

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