Con más pena que gloria, se sometió a finales de 2018 a información pública el Anteproyecto de Ley Orgánica por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación. La sensación de inminencia de unas elecciones anticipadas era ya tan grande que se le prestó, en general, muy poca atención. El panorama de la gobernabilidad en España tras las elecciones generales del pasado 28 de abril parece haberse despejado un poco, aunque seguimos en una situación de incertidumbre.

A pesar de la situación política, en la Comisión de Educación de la RSME el año pasado analizamos con detenimiento el anteproyecto mencionado y presentamos unas alegaciones al Ministerio, a las que no obtuvimos respuesta. Sorprendentemente para nosotros, ningún partido político señaló el tema que en RSME preocupa por encima de todos los demás. Al contrario, como suele ocurrir en los debates educativos, la discusión se enfanga y a menudo los partidos políticos dan la impresión de no poder salir del bucle de LOGSE/LOCE/LOE/LOMCE, sin que nunca falte de la discusión por la enseñanza religiosa. Evidentemente, a pesar de que todo debate educativo tiene interés, centrar el foco sobre la ley que hicieron los anteriores y que los siguientes cambiarán, puede enmascarar que las derogaciones normativas pueden traer consecuencias no meditadas. Y esto es lo que ocurre en este caso, como vamos a tratar de explicar.

Con la LOE las matemáticas en el Bachillerato tenían la consideración de materia de modalidad y, en consecuencia, cursarlas no era obligatorio y dependía de la oferta de asignaturas que haga el centro educativo. Es de justicia reconocer que la gran mayoría de los centros educativos no daba opción de evitar las matemáticas al alumnado del Bachillerato de Ciencias. Pero también hay que subrayar que no siempre ha sido así, de hecho, algunos itinerarios, pensando en las carreras sanitarias, ofrecían un Bachillerato científico donde el alumnado se titulaba sin haber estudiado matemáticas en ninguno de los dos cursos, sustituyéndolas por otras asignaturas que, a priori, ofrecían mejores puntuaciones en la admisión a los grados sanitarios (i.e., Biología o Química) o perspectivas de una mejor nota en la PAU.

Conviene recordar que todas las carreras sanitarias incluyen asignaturas relacionadas con la estadística, para las cuales es fundamental tener una sólida formación matemática. Pero, además, el mayor problema surgía cuando el alumnado que había hecho ese itinerario no lograba ser admitido a los estudios sanitarios y recalaba en estudios científicos o de ingeniería sin haber cursado matemáticas en los dos años anteriores. Se pueden imaginar cuál era normalmente el resultado: fracaso en las asignaturas de matemáticas del primer curso de carrera. Lo mismo ocurría con las Matemáticas Aplicadas a las Ciencias Sociales, que también eran opcionales en el Bachillerato de Ciencias Sociales. Es decir, se podía llegar a carreras con fuerte contenido matemático como economía o ADE o magisterio sin haber cursado matemáticas en Bachillerato.

La LOMCE modificó esa situación, dándole a las Matemáticas la consideración de asignatura troncal de modalidad, lo que implica la obligatoriedad de ser cursada por el alumnado de ciencias. Es decir, ahora mismo se obliga a que un bachiller de Ciencias haya cursado dos años de matemáticas. También ocurre así con la modalidad de Ciencias Sociales, aunque no sin esfuerzo ya que durante el proceso de aprobación de la LOMCE, la ley llegó al Senado considerando troncal la asignatura de Latín y relegando las Matemáticas Aplicadas a las Ciencias Sociales al papel de optativas. Desde el CEMAT (Comité Español de Matemáticas, que agrupa a las sociedades científicas y profesionales matemáticas de España, entre ellas la RSME) se impulsó una campaña entre los grupos políticos que culminó con una enmienda presentada en el Senado por el Grupo Parlamentario Socialista para que, dentro de la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales se creasen dos itinerarios, uno de Humanidades con material troncal Latín y otro de Ciencias Sociales con materia troncal Matemáticas Aplicadas. Aquella propuesta fue aprobada en el Senado (entonces con mayoría absoluta del PP) y pudimos comprobar cómo todos los grupos políticos respaldaban la necesidad de garantizar la formación matemática del alumnado de Bachillerato.

Sin embargo, en el último Anteproyecto se recoge la derogación de la LOMCE y la vuelta a LOE, es decir, la vuelta a la optatividad de las matemáticas, sin que (repetimos) ningún grupo político se haya manifestado particularmente en contra de este aspecto. O sea, se podría volver a dar la posibilidad de que el alumnado finalice la modalidad de Ciencias sin haber estudiado Matemáticas o la modalidad de Ciencias Sociales sin haber cursado la materia de Matemáticas Aplicadas. Además, y dadas las posibilidades de configuración de itinerarios en cada centro educativo, ni siquiera la voluntad del alumnado o de sus familias será garantía de que efectivamente las pudiera llegar a cursar, ya que es posible que su centro no las ofrezca o no las combine con otras asignaturas de interés para el alumnado. Por ello, resulta contradictorio que la reforma que se propone dé un paso atrás y modifique la postura defendida en su momento por todos los grupos políticos.

La situación a la que se aboca a la educación matemática y científica de nuestro alumnado resulta alarmante. Los estudios realizados sobre abandono en niveles universitarios señalan de manera insistente el primer curso universitario como el más crítico. En todos los grados de ciencias, de ingeniería y arquitectura y de ciencias de la salud hay asignaturas de fuerte contenido matemático en los primeros cursos, que el alumnado no podrá afrontar con garantías sin haber cursado matemáticas en el Bachillerato. Especialmente preocupante resulta en los grados de ingeniería y arquitectura, que acumulan las peores tasas de rendimiento medio, especialmente vinculado a materias de contenido matemático o con una fuerte base matemática. Además, en casi todos los grados de ciencias sociales hay asignaturas de alto contenido matemático y estadístico (especialmente los de economía y empresa) o resulta imprescindible un conocimiento de los contenidos para poder desarrollar una competencia profesional adecuada. Es absolutamente inconveniente que el futuro profesorado de Educación Infantil y Primaria acceda a los grados sin haber cursado matemáticas en el Bachillerato, ya que durante los estudios universitarios se debe recibir una formación didáctica sobre los contenidos que se impartirán en su ejercicio docente, pero si los contenidos no se dominan resulta prácticamente imposible dominar su didáctica.

Desde RSME no planteamos que todo el alumnado de la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales curse matemáticas, aunque hay referentes a nivel europeo (como en el caso del Liceo Umanisitico italiano), sino que bastaría con que se crease un itinerario específico de Ciencias Sociales, y que solo fuese obligado cursar las matemáticas para este alumnado, ya que asumimos que no sería necesario que el alumnado con vocación e interés exclusivo en las Humanidades cursase Matemáticas Aplicadas. De todos modos, habría argumentos más que suficientes para defender también esta postura, pues las matemáticas han de considerarse elemento cultural imprescindible en una sociedad como la actual. Pero nos conformamos con planteamientos más fáciles de asumir por consenso: solicitamos que la nueva Ley educativa recoja la obligatoriedad de cursar la materia de Matemáticas en el Bachillerato de Ciencias y la obligatoriedad de cursar la materia de Matemáticas Aplicadas en el Bachillerato de Ciencias Sociales. Como se evidenció durante el debate de la LOMCE, estamos seguros de que nuestra propuesta contaría con un amplísimo respaldo social y político.

La postura de RSME también se sustenta en la idea de que España no sea un caso aislado en el panorama internacional, sino que nuestro currículo se alinee con los principales países europeos y de la OCDE, en los cuales las matemáticas están presentes como materia obligatoria en todos los bachilleratos científicos y de ciencias sociales. Además, no tendría sentido dar ahora este paso atrás cuando la estrategia 2030 de la OCDE apuesta precisamente por ahondar en la alfabetización digital y estadística (digital and data literacy) para formar ciudadanos y ciudadanas capaces de juzgar críticamente la información y de utilizar los datos para valorar la veracidad de los análisis que se encuentran en las redes sociales y los medios de comunicación. En palabras de la OCDE: “En la era de la transformación digital y con el advenimiento del Big Data, la alfabetización digital y en el uso de datos están volviéndose tan esenciales como lo son la salud física y el bienestar mental”. Estos posicionamientos han llevado a algunos países, como Francia, a considerar la introducción de una materia de carácter científico también en el Bachillerato de Humanidades, en la cual las matemáticas y el pensamiento computacional tendrán un rol protagonista.

En consecuencia, desde RSME confiamos en que España no sea una excepción y que, en aras de la eficiencia del sistema educativo y de la formación integral de la ciudadanía, las matemáticas continúen siendo materia de estudio obligatorio en el Bachillerato de Ciencias y de Ciencias Sociales. Apelamos a la responsabilidad de los grupos políticos del Parlamento y al nuevo Gobierno que se forme para evitar este retroceso.

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