La Asociación Comunitaria Caná, creada el 25 de marzo de 1995, es una entidad civil sin ánimo de lucro que tiene como finalidad tanto suscitar, apoyar y llevar a cabo proyectos y actividades de tipo participativo y comunitario, acciones socioeducativas y culturales, y el desarrollo de la capacidad de los pobladores de los barrios populares para acciones colectivas de mejora de sus condiciones de vida.

Todo empezó en el año 1981. Un grupo de jóvenes católicos atendía a los niños que vivían en los alrededores del Monasterio de la Inmaculada Concepción, en Ferradura Mirim. En aquella época, el local se encontraba en el límite de la ciudad con el campo y predominaban los pequeños terrenos y construcciones sencillas, en una zona pobre y necesitada. Los hijos de los que vivían allí recibían semanalmente asistencia y acompañamiento educativo y religioso.

La situación cambió radicalmente cuando comenzó a surgir el embrión de lo que después sería la Favela Ferradura Mirim, constituida por familias provenientes del campo y de los barrios más pobres, en donde no podían permanecer más a causa del alquiler. A partir de 1993, aumentó tanto el ritmo de ocupación como su extensión. Cada año, casi se duplica el número de chabolas y de familias.

En el año 1995 se creó la Asociación Comunitaria Caná (ACC), que buscaba dar soporte legal y económico a las actividades sociales del grupo. El trabajo junto a la comunidad se efectuó a través de reuniones y encuentros con las familias para poner de manifiesto las necesidades más urgentes, tales como la legalización del terreno, la mejora de las chabolas (que en su mayoría eran de lona y plástico), la ausencia total de agua y de energía, el desempleo, la falta de escuela y guardería, además de problemas serios de salud, como consecuencia de la mala alimentación.

Con la participación y el apoyo de ACC fue posible la instalación de agua, luz, alcantarillado y parte de la iluminación pública, así como la integración de los niños y los adolescentes en las escuelas próximas. Se hicieron también posibles campañas e intervenciones de la Secretaría Municipal de Salud.

La Asociación atiende y hace efectivos los derechos tanto de los niños y adolescentes, contenidos en el Estatuto del Niño y del Adolescente, como de sus familias,  minimizando las carencias de la región y propiciando un ambiente educativo, pedagógico y religioso favorable a su desarrollo psicológico y social.

Hoy el Proyecto Caná tiene la capacidad de atender durante la semana a 170 niños y adolescentes de entre 3 y 14 años, y 50 jóvenes de entre 15 y 18 años, y los sábados a 160 niños y adolescentes. Las actividades se ofrecen en un horario inverso al escolar o para los jóvenes que estudian por la noche, debido a que el criterio principal de participación en las mismas es la frecuencia del desempeño escolar.

Durante la semana, el proyecto aborda los siguientes temas: Arte y cultura, Salud y medio ambiente, Ética y ciudadanía, Deporte y ocio e Informática. Además, hay talleres libres de ballet clásico, música (flauta y violín), circo, ajedrez, dibujo, canto, juegos africanos, artesanía y yudo. Al final del año se organiza un gran evento con las actividades artísticas, a través de un espectáculo de teatro, danza música, etc. Todas las actividades que realiza el Proyecto Caná están pensadas para unir a las familias y lograr el bienestar de nuestros niños y adolescentes.

 

Un día en Ferradura Mirim

Ceferino Calvo, un marianista que trabajó durante años en el departamento de Correos de SM España, marchó a Brasil para participar en este proyecto y en una visita reciente a España nos habló de su experiencia:

“Me gustaría que me dierais la mano y me acompañarais a dar una vuelta por el barrio de Ferradura Mirim, en la ciudad de Bauru, que pertenece al estado de San Paulo. Quiero transmitiros lo que yo siento y percibo cuando voy por el barrio, para transportaros con vuestra imaginación a este rincón del mundo, muy distante de vuestra vida cotidiana.

El barrio de Ferradura Mirim está en construcción tanto arquitectónica como humanamente. Nosotros, desde el aspecto humano, vamos acompañando esa construcción. Yo,  Ceferino, para mis amistades Cefe, religioso marianista, llevo viviendo cuatro años en Bauru acompañando a los niños y niñas del barrio que están en el Proyecto Caná.

Nuestro papel en este proyecto es ver las necesidades del entorno, y poner nuestra labor a disposición de los niños, adolescentes, jóvenes y adultos de esta barriada, con el fin de lograr que en algún momento de sus vidas se realice su transformación personal.

Mi presencia es más de detalles y de gestos. Te invito a que me acompañes para que lo percibas tú mismo.

Salgo de casa en coche, voy para dirigirme a Proyecto Caná. Para ello, paso por el barrio a las 7:45h, donde siempre me encuentro mamás jóvenes con sus bebés, esperando a que pase una furgoneta para llevarlos a las guarderías o colegios que están fuera del barrio, ya que hay muchos más niños que centros educativos.

Fíjate en mis gestos: saludos de bom dia y sonrisas. Continúo por una nueva calle y me sale al encuentro un niño que va al Proyecto  Caná, me hace parar el coche y me pregunta qué hora es y si hoy hay Caná. “Sí, como todos los días”, le respondo. Antes, en esta misma calle, están unos jóvenes sentados o de pie, esperando a compradores de drogas, ellos también se drogan, yo también les digo bom dia y les sonrío.

En la última calle antes de llegar a Caná, me voy encontrado a otros niños y niñas del barrio con una camiseta azul o roja que van a otros proyectos del barrio. Los de la camiseta azul se integran en el proyecto Sera e luz, que pertenece a la iglesia Batista (evangélica), y los de la camisa roja están integrados en el proyecto educativo Irma Adelaida, respaldado por una congragación de religiosas del Sagrado Corazón, que tienen una universidad en la ciudad de Bauru.  Los niños y niñas de nuestro Proyecto tienen la camiseta verde, con el logo de Caná en negro. A todos ellos les doy un saludo de bom dia.

Ya llegando al Proyecto Caná, me encuentro con algunos niños y niñas esperando a entrar, nos saludamos chocando  las manos entre nosotros. En el comedor, se hace una oración y repartimos el desayuno a cada niño, mientras nos deseamos un buen día. Luego los acompañamos a clase de  natación. Al volver al Proyecto Caná, ellos van a actividades y yo me dirijo a la cocina para preparar el comedor. Hacemos una oración para bendecir la mesa y se comienza a repartir la comida.

Al terminar, me entregan el plato para limpiarlo. Si lo traen vacío les digo un parabens, o sea, los felicito, y si no lo traen vacío les pregunto si pueden comer un poco mas y ellos intentan continuar comiendo. Siempre los motivo en un sentido o en otro.

Tenemos dos turnos de niños y niñas. Uno que va desde el desayuno hasta la comida, y el otro que llega a comer y termina con la merienda. Salgo de Proyecto Caná y por las calles, de vuelta a mi casa, me encuentro con algunos niños y niñas de Proyecto Cana, mamás y niños y niñas de otros proyectos.

Los otros días mi función en el comedor es la misma, pero como no hay natación lo dedico a mantener el edificio en condiciones optimas, cortar la hierba, cuidar de que todo funcione y, estar disponible para lo que puedan necesitar ir a la cuidad a entregar o recoger alguna documentación.

Los sábados a las 10:00h  tenemos una actividad voluntaria, que es como se comenzó hace 20 años a estar en la favela. Se trata de un encuentro que comienza con una reunión dando gracias juntos por la semana y destacando alguna cosa de la misma. Vienen niños y niñas del Proyecto Cana y de otros Proyectos del barrio Tanto de Sera y Luz como de Irma Adelaida, y niños que no están en ningún proyecto y que son del barrio.

Terminada la reunión, los separamos por edades para hacer diferentes actividades con el equipo de voluntarios y voluntarias, que pertenecen a grupos de la familia marianista, de universidades y amistades que quieren colaborar con su presencia los sábados.

Unos se van a la cocina para preparar la comida, los demás realizan actividades con los niños y niñas hasta la hora de comer. Terminada la comida, ellos se marchan y las personas voluntarias nos quedamos para limpiar el comedor y los platos. Algunos niños se quedan para ayudarnos, y juntos dejamos todo limpio y ordenado. Por las tardes, a las 14:00h, juego al fútbol con un grupo de niños y niñas de 10 a 14 años.

Otra actividad que realizo en el mismo barrio de Ferradura Mimim es el apoyo a un grupo de jóvenes para acompañarlos en su crecimiento en la fe. Nos encontramos todos los sábados a las 20:00h. Algunos ya están trabajando. Este año, en mayo, se han confirmado siete jóvenes. Los domingos participo en la eucaristía de las 8:00h de la mañana, que una vez al mes organizan los jóvenes.

Esto es un poco todo lo que puedo contar. Desde aquí, con este escrito, comparto lo que vivo en Brasil desde hace cuatro años y lo que continúa haciéndome que quiera estar presente allí con esos pequeños gestos cotidianos: afecto, acogida, fuerza, fe, misión y entrega”.