Desarrollar la inteligencia de nuestros hijos no consiste únicamente en ejercitar su capacidad numérica o verbal. Hay que tener en cuenta otras dimensiones, entre otras, la inteligencia emocional.

Tradicionalmente, la inteligencia era definida como una entidad única, medible y estable en el tiempo. La mejor manera de determinar su nivel era a través de la realización de pruebas psicotécnicas que medían la habilidad y rapidez de la persona para resolver problemas, principalmente lógico-matemáticos y verbales.

Diversas investigaciones han demostrado que este planteamiento era limitado y que, en realidad, la inteligencia tiene múltiples dimensiones.

Howard Gardner sostiene que todos tenemos más de una inteligencia y que desarrollamos cada una de ellas en diferente grado.

En su teoría de las inteligencias múltiples presenta hasta nueve tipos de inteligencia: >Musical >Cinético-corporal >Lógico-matemática > Espacial Lingüística >Interpersonal >Intrapersonal >Existencial >Naturalista.

Nuestros hijos pueden ser muy “inteligentes” en unas áreas determinadas y, sin embargo, presentar importantes carencias en otras.

No se trata de que se esfuercen únicamente en lo que les gusta y se les da bien, dejando de lado aquello que no les agrada o en lo que son menos capaces.

La idea es que se desarrollen en todos los ámbitos aceptando sus limitaciones. No hay que olvidar que los primeros que tenemos que aceptar dichas limitaciones somos los padres.

Potenciar aptitudes y capacidades

Intentar forzar a un niño a ser mejor en lo que, simplemente, no puede dar más de sí, lo único que se consigue es frustrarle, crearle inseguridad y desperdiciar sus capacidades en otros terrenos.

¿Quién ha dicho que es mejor ser un buen matemático que un buen artista, músico o psicólogo?

Cuando en un futuro se incorporen al mercado laboral, las habilidades más valoradas no serán precisamente la rapidez de cálculo numérico o la capacidad memorística.

Puede ocurrir que, consciente o inconscientemente, valoremos más unas inteligencias que otras.

¿Tiene más valor tener una gran inteligencia lógico-matemática que una adecuada inteligencia emocional?

Dada la probable respuesta negativa a estas preguntas, queda justificada la importancia de desarrollar la inteligencia en todas sus dimensiones.